Primer capítulo de Tiempos Aciagos gratis

Tiempos Aciagos

Capítulo I. Praga.

Últimos días de Mayo. 1204 A.D. Praga.

 

            La sombra se deslizaba sigilosa entre los callejones de la ciudad. Xabier corría tras ella siguiendo su rastro casi imperceptible. En su corazón ardía la necesidad de alcanzar a su presa y en su mente se apartaban las dudas que podrían haberle detenido en algún momento: ¿Sería capaz de enfrentarse a un ser que había derrotado al Golem del barrio judío? Pero la pregunta yacía apartada en el pensamiento de Xabier, y cuando consiguiese alcanzar a su presa trataría de encontrar alguna solución. Las paredes de piedra de las casas del Barrio Antiguo, apenas parecían juguetes insignificantes ante el deseo del Inmortal. Después de varios meses en la ciudad, por fin había encontrado la solución al problema. Y aquella carrera le ayudaba a desahogar su frustración acumulada. Praga era una ciudad asombrosa, la más enigmática que había conocido, por encima de Toledo, Paris, Roma e incluso Constantinopla. En ella no reinaba un poderoso vampiro como en el resto de las ciudades conocidas. En cada distrito, protegido por gruesas murallas y patrullas nocturnas, gobernaba un pequeño señor que debía lealtad al Consejo de las Sombras, y que se reunía en los salones del Palacio de Praga. Solo uno de ellos era un vampiro.

            “Un muro; la sombra se dirige al Barrio Nuevo”. Xabier frunció los labios contrariado. En este barrio gobernaba Laernes de Viena, un vampiro poderoso aunque taciturno y solitario. Se extendían rumores por la ciudad que indicaban la presencia de ignobili y defectori entre aquellos muros apenas inacabados en algunos tramos... Laernes los había negado sistemáticamente y nadie hasta ahora ha podido proporcionar pruebas al respecto. Era el único barrio en el que los vampiros podían cazar con libertad entre sus calles. En el resto de la ciudad estaba terminantemente prohibido, por lo que los vampiros se alimentaban de los humanos que se agolpan en el exterior de la ciudad o en el Barrio Nuevo.

            “No es el mejor lugar para perseguir una sombra que acaba de derrotar al ser más poderoso que la magia Cabalística puede invocar”.

            El muro no representó un gran obstáculo para Xabier. El centinela apenas pudo distinguir ni a la sombra ni al Inmortal que la perseguía. Ambos se habían transformado en una ráfaga de viento nocturno. Una ráfaga gélida y sobrehumana.

            Por fin, después de una marcha frenética, la sombra se detuvo frente a la fachada de la Iglesia de Santa Marta. Xabier se detuvo a varios metros de ella. Era una figura humana, alta y corpulenta. Un grueso nubarrón ocultó la luz de la luna y la oscuridad creció en la plaza. Era un lugar hermoso a la luz del día, una plaza compuesta por pórticos primorosamente decorados ante la imponente fachada de la iglesia. Pero la noche era fría y el lugar tenebroso y perfecto para una emboscada.

           Xabier se abalanzó sobre la sombra y lanzó un mandoble al costado. El impacto fue terrible, casi como si hubiera golpeado una pared de mármol. El dolor fue insoportable y Xabier soltó la espada con la mano entumecida. La sombra retrocedió lentamente. No parecía herida. Xabier tomó la espada con la mano izquierda. La sombra alzó una mano y Xabier tropezó con un pequeño bache del suelo, pero consiguió recuperar el equilibrio. Alzó la vista hacia la sombra y le pareció que ésta sonreía en su interior. Tras su figura los muros de la iglesia se alzaban imponentes y amenazadores envueltos en la oscuridad de la noche. Volvió a atacar y la sombra retrocedió varios pasos más. Un bloque de piedra se desprendió de una de las paredes de la iglesia y golpeó a Xabier en el hombro izquierdo. La sombra se internó en el interior del edificio ante la mirada frustrada de su perseguidor. No podía continuar, puesto que era incapaz de empuñar el arma. Se encontraba indefenso en el peor lugar de la ciudad.

            El rumor de pasos precedió a las sombras que le rodearon. Podía distinguir en ellas el brillo inhumano de sus ojos, una sed de sangre imposible de agotar. Tomó la espada con la mano izquierda malherida y se irguió. La mano derecha parecía rota, aunque no le dolía. Se desembarazó de la capa y se aproximó hasta un pequeño claro iluminado por la luna. Pero de nuevo una inoportuna nube alejó la luz de la plazuela.

            No lo deseaba, pero era inevitable. Se encontraba indefenso, rodeado por vampiros. Cerró los ojos y se concentró.

            Una luz serpenteante comenzó a brillar en el pecho de Xabier dibujando un ave Fénix con las alas desplegadas, orgullosa y desafiante. Xabier empuñó la espada con la mano derecha y con la izquierda desenvainó un pequeño sable curvo. El dolor y el entumecimiento que había sentido anteriormente eran ya un vago recuerdo. La luz que emanaba de la armadura iluminó la hoja de su espada, mostrando las runas que bailaban en el acero. Garra Negra, la espada maldita. El azote de los vampiros. Xabier abrió los ojos y una luz dorada centelleó en ellos fugazmente. Una de las sombras que se cernía sobre él masculló un nombre que se extendió entre el círculo de vampiros.

            El Fénix Negro.

            Habían atrapado al Fénix Negro, el Inmortal más implacable desde la caída del poderoso Urabi de Ukesh, su propio mentor. Y en su mano refulgía con luz propia el arma maldita: Garra Negra.. El número de sombras comenzó a crecer alrededor del Inmortal.

            Xabier aspiró profundamente.

            Nox Irae.

 

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