Batallas históricas en “Sangre Inmortal”

 

Os dejo un fragmento de “Sangre Inmortal”, la cuarta entrega de “El Mundo de las Sombras”, donde el lector tiene la ocasión de participar en la Batalla de las Navas de Tolosa.
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“El rostro del Rey de Castilla se ladeó hacia el Arzobispo de Toledo con la fiereza de un león:
—¡Arzobispo, Vos y yo muramos hoy aquí!
El frente comenzaba a debilitarse tras la carga de la segunda línea comandada por el Conde Alvar Núñez de Lara. Con una exclamación ininteligible Don Rodrigo se colocó el yelmo y alzó la mano diestra dispuesto a acudir en auxilio de sus tropas. Ximenez de Rada abrió la boca pero guardó silencio. Ninguno de los grandes señores que acompañaban al Rey se atrevían a contradecirle en una situación tan desesperada, muy similar a la sucedida años atrás en el desastre de la batalla de Alarcos. Los caballeros de brillantes armaduras, ornamentadas con filigranas de oro sobre impresionantes corceles de batalla, temían la reacción de su monarca. La retaguardia del ejército cruzado la formaban por completo las mejores unidades de caballería de Aragón en el flanco siniestro, Castilla en el cuerpo central y Navarra en la diestra del Rey. Una línea acorazada que arrasaría con sus enemigos… si el terreno lo propiciaba.
—Mi señor –dijo Alexander adelantándose hasta el Rey.
Habló en voz baja, consciente de que aquella acción podría ser considerada como una ofensa a la dignidad del monarca más poderoso de la Península Ibérica.
—Aguardad, el terreno aún se encuentra obstruido por las tropas que huyen. Si cargamos ahora, nuestro ataque se vería entorpecido por ellos y perderíamos fuerza.
La mirada de Don Rodrigo chispeó de rabia.
—Malditos sean los demonios –rugió—. Tenéis razón, Alexander. Debemos aguardar. Pero Dios sabe que me arde el corazón al contemplar a mis mesnadas huir del enemigo.
—Observad, mi señor –dijo Alexander señalando con el dedo hacia el frente de batalla—. Los soldados que huyen han recobrado el ánimo y regresan a la batalla. ¡No todo se encuentra perdido!
—¡Gracias a Dios! –Exclamó el Arzobispo de Toledo— La caballería de Don Diego López de Haro y de Don Alvar Núñez han recuperado terreno.
—Y en los flancos las milicias de las órdenes militares se han reorganizado, y resisten con fiereza –añadió Alexander—. Dadles unos instantes, mi señor. Sólo unos instantes, y cargaremos con toda la fuerza que Dios pueda proporcionarnos.
—Unos instantes –repitió Don Rodrigo. Mantenía la mandíbula apretada con rabia, y sudaba en el interior del hermoso yelmo plateado—. Sólo unos instantes.”
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