Dryadas en El Mundo de las Sombras…

Quizá sean las criaturas más desconocidas de toda la saga, puesto que en las dos primeras novelas, Inmortal y El filo de la espada, apenas poseen protagonismo; pero a lo largo de Tiempos Aciagos y Sangre Inmortal su papel cobra gran importancia. Son mujeres Inmortales, seres especiales tocados por el don de la magia. Son guerreras implacables, y aquí os dejo un extracto en el que las tres Dryadas más poderosas combaten entre sí. Magia pura:

“Sevilla, finales de Mayo de 1210 A.D.

            Damara lanzó una mirada orgullosa a las tres mujeres que se alzaban ante ella. La plaza se encontraba envuelta en el silencio de la noche, un lugar alejado de los suburbios de la ciudad, despoblado y olvidado. La luna ofrecía sus brazos para iluminar de manera tenue el lugar. Damara lo agradeció. Sentía que sus fuerzas crecían bañada por el cálido abrazo de su diosa. Lo necesitaría, ahora que el temido momento había llegado.

            El enfrentamiento entre la luz y la noche. Aunque no eran enemigos, era inminente el choque.

            Viktoria emitió un fulgor apagado. Se cubría con una armadura plateada, cuyas placas parecían finas láminas casi transparentes, y portaba una larga espada de hoja cristalina. A su lado, Laya se protegía con su armadura de cuero reforzada por los hechizos que su señora había tejido días atrás. Empuñaba en sus manos sendas espadas, que reflejaban el resplandor emitido por Viktoria. Kyra observaba a Damara con la mirada penetrante. No se protegía con armadura alguna, ni portaba armas en sus manos. Vestía saya y calzón de algodón, ropajes cómodos y funcionales.

guerrera

           

Damara elevó los brazos y los inclinó lentamente. Las sombras se extendieron y reverberaron con vida propia, hasta que se alzaron junto a ella como figuras humanoides. Volvió a alzar los brazos y de pronto un gigantesco lienzo de tinieblas se desplomó sobre ellas, cual si una mano invisible les hubiera arrojado un manto. Viktoria lo destrozó con rapidez, aunque no logró evitar que tanto Laya como Kyra fuesen envueltas por su negrura. La forma se adaptó a sus cuerpos, como una densa y pegajosa capa de barro oscuro como la noche, cegándolas por completo. Las sombras se lanzaron sobre ellas y Viktoria avanzó con el propósito de proteger a Laya y Kyra, que se debatían por lograr despejarse el rostro de aquella sustancia viscosa. Dos figuras atacaron a Viktoria y otras dos se abalanzaron sobre las indefensas Dryadas. Laya lanzó un gemido agudo al recibir el golpe de su sombra enemiga, que le destrozó la protección del pecho, abriendo una amplia herida.

            Kyra se había detenido y su cuerpo se endureció un instante antes de que su rival la golpeara, topándose con una estatua de piedra que al instante recuperó su forma habitual. Con un pequeño destello se liberó del hechizo, y un azote de energía fue arrojado hacia la sombra, que se disponía a redoblar el ataque sobre Laya. Situándose tras la espalda de la sombra, y con las manos a la altura de sus hombros, una chispa súbita generó un pequeño haz de luz como si de un cordel luminoso se tratase, y la sombra quedó desgarrada cuan cuchilla de luz plateada que deshiciese la oscuridad a su alrededor.

            Disipando el hechizo giró el rostro para enfrentarse a la sombra que se recuperaba de su anterior ataque. Pero un violento latigazo había apresado su mano derecha, como un tentáculo de oscuridad. Tras ella Viktoria se enfrentaba a Damara. Ambas Dryadas lanzaban sus ataques y los contrarrestaban con rapidez, sumiéndose en una danza macabra entre la luz y la noche. Parecía un combate igualado al máximo. Kyra recibió un ataque en el cuello que le obligó a tambalearse gravemente herida. Tras cerrar los ojos y concentrarse durante un instante regeneró las heridas recibidas, pero le había obligado a gastar una considerable cantidad de energía, y la luz que irradiaba su cuerpo comenzó a debilitarse. Las sombras crecieron a su alrededor, como alimentadas por esa debilidad. Laya comenzaba incorporarse, liberada por el hechizo que la cegaba, y acto seguido golpeó con sus espadas, que refulgieron al atravesar los cuerpos formados por la negrura de la noche: mas una espesa neblina ensombreció el lugar en el que se encontraban. Combatían contra un enemigo que no podían distinguir.

            Viktoria se detuvo un instante para recobrar el aliento y Damara la imitó jadeante. El sudor perlaba sus rostros, conscientes de que seguramente su enfrentamiento quizá provocase la muerte de ambas contendientes.

            —Aún conservas tu poder, incluso después de invocar a Amhij –dijo Viktoria.

            La mirada de Damara se iluminó un instante. De pronto, alzó una mano, y como si hubiera emitido una orden tajante las sombras que acosaban a Laya y Kyra se disiparon.

            —Yo no he invocado a ningún demonio, Viktoria.”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s