Espada y Brujería en El Mundo de las Sombras

TIEMPOS ACIAGOS es, quizá, la obra que más se podría aproximar al género de Espada y Brujería dentro de la saga que agrupa INMORTAL, EL FILO DE LA ESPADA, TIEMPOS ACIAGOS Y SANGRE INMORTAL, a pesar de desarrollarse en la Europa Medieval. Durante el episodio de la “Cruzada de las Sombras”, desarrollada en los Cárpatos, pude dar rienda suelta a la imaginación y dibujar un escenario oscuro, gris y despiadado.
Os dejo, amigos, un extracto de la obra, y os recuerdo que la podéis conseguir en Amazon pinchando en el siguiente enlace:

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“Transcurrió una hora de tensa espera. Los defensores aprovecharon el momento para alimentarse de nuevo. El frío era intenso, pero ninguno de ellos se cubrió con manto alguno. Se encontraban perfectamente preparados para enfrentarse a un enemigo desconocido, y no necesitaban  la molesta protección de un manto que les entorpecería el combate. La luna se elevó  en el firmamento como un minúsculo fragmento de uña, pero su tenue fulgor iluminó los ojos de los defensores como las llamaradas de un sol de mediodía en estío.
    Un alarido estridente, ya no procedente de un cuerno de batalla sino de una maligna garganta infrahumana, traspasó sus tímpanos como un aguijón sonoro y afilado. La ladera se cubrió de sombras que se arrojaban sobre ellos con el clamor de un ejército surgido desde los infiernos. Y el firmamento se cubrió de numerosas sombras aladas que comenzaron a girar en círculos sobre la ciudadela.
    Entonces los arqueros dispararon, y una miríada de minúsculas luces surgió desde sus arcos y barrió de sombras aladas el espacio aéreo. Los cuerpos de las extrañas aves caían al suelo de la Ciudadela y se transformaban en pequeñas nubes de cenizas que el viento de la noche dispersaba con facilidad.
    Las murallas se estremecieron ante la intensidad del combate que se desarrollaba en lo más alto de ellas. Ahora los atacantes eran hombres corpulentos, cubiertos por cotas de malla, armaduras ligeras y empuñaban espadas, garrotes y hachas. Combatían con un fuego maligno en la mirada; de sus bocas brotaban espumarajos cargados de rabia y sus músculos eran poderosos. Alexander ordenó que las puertas se abriesen y la caballería de la I Centuria irrumpió sobre la ladera en una oleada furiosa de corceles, sangre y acero. Más de cien jinetes se extendieron a lo largo de las sombras de las laderas del exterior de la ciudadela, obligando a los asaltantes a dividirse para afrontar un nuevo peligro. Los defensores agradecieron la ayuda de la caballería, puesto que el número de los atacantes se había reducido en las murallas. Pero aún así, el combate era duro y cada palmo de muralla era disputado con fiereza.  
    Sven era consciente de que el suelo no ofrecía la mejor de las condiciones para realizar una carga de caballería, a no ser que se limitase a una incursión rápida. Desplegar cien corceles a lo largo de la ladera era arriesgado, puesto que desconocía si los atacantes habían situado tropas de refresco en la retaguardia. Pero debía intentar aquella acción para conceder un momento de descanso a los defensores de las murallas. La respiración de los jinetes y los corceles se condensaba a un palmo de ellos pero el frío apenas era una ligera molestia. Durante su estancia en Norem Sven había revisado el equipamiento tanto de jinetes como de sus monturas, proporcionando a los jinetes una camisa y pantalón de malla, ropas acolchadas con refuerzos de acero en las partes vitales, grebas, guanteletes, hombreras de acero y un ligero yelmo que les cubría la cabeza. Los corceles eran protegidos por un amplio manto de malla. Una larga lanza, una espada al cinto y otra colgada de la silla de montar, junto a un par de dagas y un escudo ovalado, otorgaban a la I Cohorte serios argumentos para ser temida entre sus enemigos. Aquel equipamiento resultó muy costoso y Horitz mostró su desagrado ante tal derroche, pero Sven ignoró las protestas. Aunque no se trataba de una caballería acorazada como la que había podido conocer en las Cruzadas, aquellas protecciones  otorgaban a los jinetes y sus corceles mayor seguridad. Sven sonrió con un leve gesto de fatalidad. Hubiera dado media vida por encontrarse de nuevo en las Cruzadas, años atrás, y no en aquel terrible avispero. Los soldados Bizantinos eran niños recién destetados comparados con sus enemigos en aquellos parajes.”

mundosombrasnuevo

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