Cuando la Fantasía se une con la Historia…

…tienes como resultado “El Mundo de las Sombras”. Disfruta de un extracto de “El Filo de la Espada”, continuación de “Inmortal”, en el que se relata la toma de Constantinopla por el ejército Cruzado, comandado en las sombras por los grandes señores vampiros.

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Hazte con El Filo de la Espada

Hazte con El Filo de la Espada

Campamento cruzado situado a las afueras de Constantinopla.

8 de Abril de 1204 A.D.

            ¡Asalto!

            La orden se propagó a través del campamento cruzado como el fuego en un granero. Después de dos años instalados frente a los muros de Constantinopla, el ejército Cruzado había resuelto el ataque inminente. Pero a diferencia del último intento de asalto a la ciudad en esta ocasión todo el ejército recibió la orden de embarcarse en las galeras venecianas, amarradas en los muelles del barrio del Gálata. La vez anterior, a mediados de Junio del año anterior, el ejército decidió lanzar sendos ataques terrestres y marítimos. Una fuerza liderada por los francos se alineó a lo largo de la Muralla de Constantino con la intención de tomar la ciudad al asalto, mientras las galeras venecianas se precipitaron contra las murallas que protegían los muelles de la ciudad. Aunque el asalto marítimo consiguió abrir una brecha en las defensas de la ciudad, los venecianos se vieron en la obligación de acudir en auxilio de sus aliados francos, lo que precipitó que los defensores bizantinos lograsen rechazar el asalto. Pero en esta ocasión el campamento cruzado quedó desmantelado. La orden fue clara: el ataque se realizaría desde las galeras venecianas.

 

            Y con el asalto la solución definitiva, demorada por los agentes papales, los cruzados pretendían poner fin a dos años de desafortunado asedio a las murallas de Constantinopla. El líder cruzado, el Dux de Venecia Enrico Dándolo, había mostrado gran prudencia y moderación durante los últimos años, apagando las ansias exterminadoras del resto de generales cruzados, liderados por Balduino de Flandes y el temperamental Bonifacio de Monferrato. De nada le había servido a los cruzados su colaboración en la ascensión al trono de Alejo IV Ángelo. Si bien es cierto que esta ayuda no fue desinteresada, puesto que el pago constituía una suma muy considerable de dinero, además del sometimiento de la Iglesia Ortodoxa bajo la autoridad Papal, el emperador se había instalado en un trono demasiado inestable. Al cabo de seis meses de gobierno la rebelión estalló entre los muros de la capital bizantina, arrojando a las mazmorras al emperador y proclamando emperador a Alejo V Ducas Murzuflo. Según los informadores de los cruzados fue Murzuflo quien asesinó con sus propias manos a Alejo IV, y su última conspiración, en la que Balduino de Flandes casi pierde la vida, fue lo que encendió la chispa final.

            El asalto comenzó con las primeras luces del amanecer del día siguiente. El ejército cruzado al completo embarcó en las naves venecianas y formaron un frente de batalla de más de cuatro kilómetros de extensión. El ataque fue largo y cruento. La flota aproximó tanto las torres de asalto instaladas sobre los navíos que el combate se desarrolló cuerpo a cuerpo entre los cruzados y los bizantinos. En múltiples puntos de las murallas los cruzados desembarcaron y alzaron torres de asedio y escalas. Ascendían como enjambres de hormigas sedientos de sangre. Pero los caballeros y soldados francos no eran hábiles en el combate sobre las galeras, más acostumbrados al campo de batalla en tierra firme, por lo que fueron rechazados. Cuando las campanas tocaron sus campanas marcando la hora nona, los cruzados fueron rechazados y regresaron a las naves. La retirada fue jaleada con gran júbilo por parte de los defensores griegos. Durante aquella noche se celebró consejo entre los generales cruzados y Enrico Dandolo consiguió persuadirles para repetir el ataque tres días después.

            Pero en realidad lo que los generales mortales habían decidido no era más que los deseos exactos de sus señores vampiro. Leonardo de Milán, quien controlaba los designios del Dux Enrico Dandolo, ordenó un asalto nocturno por parte de los Hermanos Libres en la ciudad. Deberían escalar las murallas protegidos por la noche y la euforia de los defensores, fundirse en las sombras y asesinar a la Guardia de Honor de Alejo V, un grupo de mercenarios mortales con extraordinarios poderes. Nadie conocía la procedencia de estos extraños seres, hombres de mirada adusta y silenciosos como sombras. Eran los responsables de la derrota de los caballeros francos que asaltaron las murallas a lomos de las galeras venecianas, y tanto Leonardo como el resto de señores vampiros eran conscientes de la necesidad de eliminarles para obtener el éxito en la empresa. Y como ninguno de los ancianos vampiros deseaba emprender una misión de dudoso éxito, La Hermandad Libre recibió el encargo.

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